El comercio mundial entra en 2026 con menor crecimiento, mayor fragmentación geopolítica y reglas cada vez más exigentes. No es un entorno cómodo, pero tampoco es uno sin oportunidades. Panamá lo sabe: el Canal muestra signos claros de recuperación y el turismo mantiene una senda de crecimiento sostenido. Los flujos existen.
El problema no está afuera. Está en casa.
Mientras las cadenas de valor se reconfiguran y los servicios digitales ganan peso, los países que captan inversión son aquellos con instituciones previsibles, capital humano competitivo y reglas claras. Panamá tiene ventajas logísticas únicas, pero sigue fallando en transformar tránsito, visitantes y comercio en empleo estable y productivo.
Por eso, la discusión sobre perspectivas económicas no puede evadir dos temas centrales: empleo e inversión. Sin políticas que conviertan esos flujos en trabajo formal, encadenamientos locales y productividad, el crecimiento se queda en estadísticas.
El mundo no va a esperar a Panamá. O el país convierte su posición estratégica en oportunidades reales para su gente, o seguirá viendo pasar barcos, turistas y capital… sin que eso cambie lo esencial.
