Panamá vuelve a mirar una herida que nunca cerró. La extradición de Ali Zaki Hage Jalil por el atentado contra el vuelo 901 de Alas Chiricanas no solo acerca la justicia: expone una verdad incómoda. El país no está exento del terrorismo. Ya lo vivió en 1994, con 21 víctimas, en un ataque que marcó su historia reciente. Durante años, Panamá actuó como si este episodio fuera aislado o ajeno a una amenaza mayor. No lo era. Y esa negación ha tenido consecuencias: tres décadas después, el proceso apenas empieza a tomar forma. Pero el desafío es concreto. Panamá carece de relaciones diplomáticas formales con Venezuela, lo que complica la coordinación para hacer efectiva la extradición. Ni el gobierno ni el Ministerio Público han dejado claro cómo se concretará el traslado del acusado, un paso esencial para que el proceso avance. El reto no es solo jurídico, sino también institucional. Este caso, por su especificidad para Panamá, pondrá a prueba la capacidad del Estado para coordinarse, superar obstáculos políticos y llevar a un acusado ante la justicia. Porque más allá del anuncio, lo que está en juego es algo básico: demostrar que el país puede cerrar, con justicia, una de sus páginas más dolorosas.
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Hoy por hoy: El terrorismo que ignoramos
31 mar 2026 - 05:00 AM
