En el Día del Trabajo, Panamá enfrenta una realidad insoslayable: el empleo, y sobre todo el buen empleo, es hoy la principal preocupación de los ciudadanos. No se trata solo de tener trabajo, sino de que este permita vivir con dignidad.
Las cifras son contundentes. Miles de jóvenes siguen fuera del mercado laboral formal o atrapados en la informalidad, mientras quienes sí trabajan enfrentan salarios que no alcanzan para cubrir el costo de la vida. Tener empleo ya no garantiza bienestar.
El problema es estructural. Se exige experiencia sin ofrecer oportunidades, se invierte en educación sin conexión con el mercado y se generan empleos que no responden a las necesidades reales de la población.
Por eso, el empleo debe convertirse en una obsesión nacional. No como consigna, sino como política sostenida que articule educación, inversión y desarrollo productivo. Sin empleos dignos, no hay crecimiento sostenible ni estabilidad social. Esa es la tarea pendiente.
