Que un residente o interno tenga que padecer acoso, maltrato o incumplimientos durante su formación no puede considerarse parte de la disciplina ni una práctica normal dentro de un hospital escuela. Mucho menos puede aceptarse que situaciones de este tipo se hayan prolongado durante años sin que las autoridades responsables de velar por su buen funcionamiento adoptaran algún correctivo o acción.
Los médicos en formación salen de las aulas para poner en práctica sus conocimientos y continuar su preparación académica en las salas y unidades hospitalarias. El sistema debería recibirlos con respeto y ofrecerles condiciones adecuadas para aprender, no exponerlos a abusos, carencias o humillaciones.
La creación de un mecanismo para denunciar, incluso de forma anónima, y reubicar a los afectados es un paso positivo, pero no puede convertirse en la única vía para resolver estos asuntos. Si se confirman conductas que implican alguna falta o incluso la comisión de un delito penal, hay que investigarlas y castigarlas. Son hechos que pueden atentar contra la salud pública y deben recibir el tratamiento correspondiente. La responsabilidad de las autoridades es actuar con todo el rigor.
