La contradicción de Panamá quedó al desnudo esta semana en dos foros de La Prensa. Por un lado, se expuso un sector logístico próspero y multimillonario, mientras que, por el otro, se evidenció la cruda realidad del talento humano en un contexto de crecimiento económico que opera sobre un mercado laboral desfasado.
Esta brecha no responde a la falta de voluntad ciudadana, sino a un fallo sistémico de la educación pública. La crisis de talento no empieza en la entrevista de trabajo, sino en la escuela primaria, donde 9 de cada 10 planteles oficiales sufren fallas de infraestructura y 4 de cada 10 carecen de internet.
El sistema termina expulsando jóvenes con títulos vacíos, graduándolos para un mundo que ya no existe. Graduar estudiantes sin las competencias mínimas condena a la fuerza laboral a rebotar indefinidamente contra los requisitos del mercado. Sin un puente real entre el aula y la empresa, el desarrollo seguirá siendo una ilusión para la mayoría.
