La crisis de agua en Azuero cumple ya un año. Las familias de Herrera y Los Santos siguen dependiendo de cisternas, pozos improvisados y promesas oficiales que tardan en concretarse.
Este viernes, los ciudadanos se manifiestan en Chitré para exigir soluciones; incluso los vecinos de la propia Presidencia, en el Casco Antiguo, claman por un mejor servicio.
El presidente Mulino tiene razón: las marchas no crean agua. Pero gobernar no es solo resolver problemas técnicos; también implica entender el sufrimiento de quienes los padecen.
Cuando la población lleva meses colmada de incomodidad, la indiferencia o la distancia se perciben como abandono. Los problemas heredados no eximen a un gobierno de asumir responsabilidades.
Dos años en el poder bastan para que la ciudadanía espere resultados, no solo diagnósticos. Gobernar también requiere empatía: acompañar a los afectados, comunicar con claridad y demostrar que la voz de quienes claman por agua importa.
Azuero no necesita discursos, necesita respuestas.
