La reciente captura de dos exfuncionarios condenados por corrupción es motivo de satisfacción, pues demuestra que la justicia sigue su curso. Nos alegra porque, en el pasado gobierno, la policía nunca pudo encontrar a un alcalde condenado por corrupción. Sin embargo, la entrega voluntaria de un tercer exfuncionario, una figura muy mediática, genera inquietud al intentar justificar sus acciones bajo el argumento de persecución política. Esta narrativa tiene como principal altavoz al inquilino de la embajada de Nicaragua en Panamá, un expresidente condenado por corrupción que huye de la justicia, demanda a sus críticos y sigue presidiendo el partido de gobierno. Peor aún, este discurso de supuesta persecución parece encontrar eco incluso en el propio Palacio de las Garzas. Es crucial recordar que quien ha cometido un delito debe asumir las consecuencias, sin importar su posición o influencia. La justicia no puede ceder ante estrategias discursivas diseñadas para desviar la atención de los hechos. El principio debe mantenerse firme: todos, especialmente los servidores públicos, deben rendir cuentas por sus actos, sin excepciones ni privilegios.
Hoy por hoy: La narrativa de la persecución política
09 oct 2024 - 05:01 AM