El presidente de la República lo repite cada vez que puede: la justicia no puede convertirse en una puerta giratoria que favorezca a pandilleros y narcotraficantes. Sin embargo, en este tema, sus propios actos y silencios no siempre sostienen sus palabras. El discurso oficial enfatiza el delito visible, el que se expresa con violencia, armas y territorios controlados, pero deja fuera una dimensión estructural del problema. Quienes más abusan de los servicios financieros no son necesariamente los delincuentes de calle, ni ello implica colaboración o permisividad de los bancos. El uso más sofisticado del sistema corresponde al delito de cuello blanco: quienes reciben coimas, diseñan entramados societarios, usan testaferros y lavan dinero con asesoría legal y contable. Ese fenómeno ha sido central en los mayores escándalos de corrupción del país. Sobre esta realidad, el presidente guarda silencio. Y sin enfrentar el blanqueo de capitales y la impunidad de los poderosos, la lucha contra el crimen organizado queda incompleta.
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Hoy por hoy: La otra puerta giratoria
10 feb 2026 - 05:00 AM
