La reciente adquisición de drones por parte del Gobierno para vigilar la actividad de los narcotraficantes en territorio panameño es una decisión que debió tomarse hace mucho tiempo. Siempre fue una mejor idea que comprar radares. No solo son más eficientes, sino que pueden desplazarse a cualquier parte del país y, probablemente, resulten incluso menos costosos. La terquedad impidió que contáramos antes con esta tecnología para esos fines específicos. No ha sido sino más de una década después que este gobierno reconoce, tácitamente, que tenía más sentido realizar esta compra que embarcarse en la adquisición de más radares, útiles para muchas cosas, pero no para el propósito que se perseguía. Lo malo es que este gobierno también tiene la nociva costumbre de esconderlo todo. Ha sido gracias a las comunicaciones públicas del fabricante que nos enteramos de la compra de esta tecnología. Tanto esfuerzo inútil por actuar como tapadera, para que al final todo quedara expuesto en el portal digital del proveedor. Lo que aún no sabemos —y debería informarlo el Ministerio de Seguridad— es cuánto costaron los aparatos y otros detalles de esta adquisición. Revelar esa información en nada afectaría la seguridad nacional y, en cambio, fortalecería la confianza en el Gobierno. Pero aquí el secretismo siempre termina imponiéndose sobre la transparencia. ¡Absurdo!
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Hoy por hoy: La transparencia no despega
17 jul 2026 - 05:00 AM