El Viernes Santo invita a la pausa. A mirar con honestidad aquello que normalmente evitamos. No es un día de ruido, sino de conciencia.
Panamá no es un país sin información. Sabemos dónde están los problemas. Los detectamos, los discutimos, los documentamos. Pero entre reconocer las fallas y corregirlas hay una distancia que seguimos sin cruzar.
Ahí están los programas sociales: un cruce de datos revela inconsistencias, se hacen depuraciones, pero el sistema sigue arrastrando fallas. ¿Cómo es posible que se tomen recursos de los contribuyentes para financiar a quienes no los necesitan?
Y también están las reglas del poder: la reforma del reglamento interno de la Asamblea Nacional lleva años en discusión, como un viacrucis sin resolución. ¿Por qué aquellos que hacen las leyes evitan someterse a normas más estrictas de ética?
No es falta de diagnóstico; es falta de decisión. Corregir implica incomodar, tocar intereses, asumir costos. Y eso es lo que seguimos evitando.
