El debate sobre la reforma a la Caja de Seguro Social no es solo una discusión sobre números y jubilaciones; es una decisión que definirá la estabilidad social, política y económica del país. Sin embargo, lo que hemos presenciado en la Asamblea Nacional dista mucho de un análisis serio y responsable.
Diputados que han ocupado curules durante años, que han tenido el tiempo y la oportunidad de alertar y proponer soluciones a la crisis del fondo de pensiones, hoy se esconden detrás de discursos populistas. Rechazan cualquier ajuste a la edad de jubilación sin ofrecer alternativas viables, como si la crisis financiera pudiera resolverse con promesas vacías.
El momento de los cobardes y demagogos ya pasó. Ahora necesitamos liderazgo, valentía y compromiso con el futuro de Panamá. Tomar decisiones difíciles no trae aplausos inmediatos, pero sí la satisfacción de haber hecho lo correcto.
A los diputados que han asumido su responsabilidad con seriedad, nuestro reconocimiento. A los que solo buscan réditos políticos mientras el sistema colapsa, nuestro repudio. Panamá merece un debate de altura, no un espectáculo de gritos y evasiones.