Durante años hemos celebrado el crecimiento urbano como sinónimo de desarrollo. Más edificios, calles y urbanizaciones parecían una señal inequívoca de progreso. Pero un estudio elaborado por especialistas locales sobre vulnerabilidad térmica urbana plantea una pregunta incómoda: ¿queremos seguir midiendo el desarrollo en metros cuadrados de concreto o en calidad de vida? Panamá ha logrado mejorar su cobertura boscosa en las últimas décadas. Sin embargo, la realidad cambia cuando se observa barrio por barrio. En numerosos sectores urbanos, los árboles han cedido espacio al cemento, al asfalto y a las superficies impermeables. Los urbanistas hablan de cobertura arbórea; los vecinos lo explican de otra manera: antes había un palo de mango, ahora hay más calor. La factura no se mide solo en grados Celsius. También se refleja en recibos eléctricos más altos, mayor dependencia del aire acondicionado, espacios públicos menos habitables y mayores riesgos para la salud. Las autoridades deben incorporar criterios de arborización en los nuevos desarrollos, exigir más árboles por cada proyecto y promover parques forestales de barrio. El desarrollo urbano no debería consistir únicamente en construir más, sino en construir mejor. Recuperar árboles es también recuperar bienestar.
Exclusivo
Hoy por hoy: Más concreto, más calor
07 jun 2026 - 05:00 AM
