La reciente enmienda constitucional en Nicaragua, que otorga a Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo poderes prácticamente ilimitados, representa un nuevo golpe a la democracia y los derechos humanos en la región. Este cambio consolida un régimen autoritario que ya ha eliminado la separación de poderes, perseguido a la prensa y suspendido derechos fundamentales bajo el pretexto de estados de emergencia. Sin embargo, la pregunta es inevitable: ¿están los países de Latinoamérica haciendo lo suficiente? Mientras el Grupo de Expertos de la ONU denuncia sistemáticamente estos abusos, la respuesta de muchos gobiernos de la región ha sido tibia, cuando no inexistente. Nicaragua no es solo un problema interno; la complicidad por omisión fortalece regímenes autoritarios en un continente que debería ser garante de la democracia. Es hora de que Latinoamérica asuma un rol más firme, condenando sin ambigüedades las acciones de Ortega y exigiendo un regreso a la institucionalidad. No hacerlo es permitir que la democracia muera en silencio.
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Hoy por hoy: Nicaragua y la indiferencia de Latinoamérica
26 nov 2024 - 05:03 AM