La reciente decisión de incorporar a Rusia como Estado observador del Parlamento Centroamericano (Parlacen) refuerza, una vez más, la necesidad de que Panamá abandone este organismo, que ha perdido su rumbo y propósito original. Fundado en 1991 con el objetivo de fomentar la integración política y democrática en la región, el Parlacen se ha convertido en un refugio para políticos envueltos en escándalos, que buscan inmunidad para evadir la justicia. En lugar de promover la transparencia y la cooperación, decisiones como la inclusión de un actor internacional tan controvertido socavan aún más su credibilidad. Es hora de que Panamá reevalúe su permanencia en una institución que no cumple con los intereses nacionales ni con los ideales de justicia. Los únicos beneficiados de su existencia son sus miembros, entre ellos los últimos dos expresidentes y los amigos del círculo cercano de otro expresidente, buscado por la justicia y asilado en una embajada de una dictadura que impulsa una agenda contraria a los intereses de Panamá. Mientras el país enfrenta múltiples desafíos en la lucha contra la corrupción, pertenecer a un foro que ha dejado de ser un espacio de rendición de cuentas solo debilita nuestros esfuerzos por lograr una verdadera democracia.
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Hoy por Hoy: Panamá debe abandonar el Parlacen
29 sep 2024 - 05:03 AM