Acuciados por la falta de ingresos, los concejales de Colón decidieron ponerle un peaje al turismo de cruceros: $5 por cada pasajero que desembarque en sus puertos.
La necesidad de recursos es comprensible, pero no basta para justificar el cobro. La legislación establece límites a la potestad tributaria municipal y restringe gravar servicios sujetos a impuestos, derechos o tasas nacionales, salvo autorización legal expresa. Y los cruceros ya pagan cargos marítimos, portuarios y migratorios.
La industria turística advierte que sumar costos puede restarle competitividad a Panamá frente a otros destinos del Caribe y terminar afectando a comerciantes, transportistas y artesanos colonenses.
La decisión de poner el acuerdo en pausa y abrirlo a discusión resulta prudente. Antes de instalar un nuevo cobro en los muelles, corresponde determinar si el municipio puede cobrarlo y medir sus consecuencias. Colón necesita más actividad y visitantes, no decisiones que puedan terminar ahuyentando a quienes pretende atraer.
