El Índice de Percepción de la Corrupción 2025 confirma un hecho difícil de maquillar: Panamá repite 33 puntos por segundo año consecutivo, su peor registro histórico y nueve puntos por debajo del promedio regional de 42. En una escala de 0 a 100, ese resultado no es aceptable ni transitorio; refleja un estancamiento profundo en la lucha contra la corrupción. La advertencia no proviene solo de Transparencia Internacional. Durante su reciente visita a Panamá, el economista y premio Nobel Philippe Aghion fue explícito al señalar que la corrupción y la burocracia excesiva frenan la innovación, la productividad y el crecimiento económico. Sin instituciones íntegras, dijo, no hay desarrollo sostenible. El vínculo entre corrupción y bajo desempeño económico es directo y medible. En Panamá, el problema ya no es la falta de diagnósticos ni de propuestas. Existen proyectos anticorrupción engavetados y debilidades conocidas en transparencia, control y rendición de cuentas. Sin embargo, más que corregir, el Gobierno ha tendido a minimizar u obstaculizar iniciativas que incomodan al poder político. Esa inacción termina validando la impunidad. Repetir el peor puntaje no es una casualidad: es el costo de no actuar. Y cuando la corrupción se normaliza, lo que se deteriora no es solo un índice, sino la democracia misma.
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Hoy por hoy: Podredumbre
11 feb 2026 - 05:00 AM