La baja ejecución del presupuesto en educación es un lastre histórico para Panamá. Con apenas 27% de los fondos utilizados en el primer semestre de 2025, el Ministerio de Educación demuestra que los recursos, aunque cuantiosos, no se traducen en mejoras reales para el sistema educativo.
Esta situación refleja deficiencias estructurales, burocracia excesiva y falta de planificación estratégica, que retrasan la inversión en infraestructura, mantenimiento escolar y programas pedagógicos.
La educación no puede seguir siendo un área de cifras sobre el papel; es la base para formar al talento que el país necesita en ciencia, tecnología y servicios. Ignorar esta urgencia compromete el futuro laboral y competitivo de Panamá.
Es imperativo que el Estado agilice procesos, priorice inversiones y vincule los recursos a resultados concretos, asegurando que cada dólar gastado fortalezca las escuelas, los docentes y los estudiantes. Solo así la educación dejará de ser una promesa y se convertirá en motor de desarrollo.