El presupuesto de la Asamblea Nacional de Panamá en 2025 fue un ejercicio de simulación. Se aprobó para cumplir con el ritual de la austeridad, pero a lo largo del año ese monto se incrementó mediante traslados de partidas que los propios diputados autorizan, hasta casi duplicarse. Es una ventaja que ninguna otra institución del Estado posee y que erosiona la credibilidad del discurso oficial sobre disciplina fiscal. Como en años anteriores, el patrón volvió a repetirse: de un monto inicial cercano a $98.7 millones pasó a $164.8 millones, un aumento del 67%. Los datos de la Dirección de Presupuesto del Ministerio de Economía y Finanzas confirman que no se trata de una excepción, sino de una práctica sistemática que se repite año tras año, sin explicaciones claras sobre el destino final de los recursos. Pero lo cuestionable aquí es que, mientras otras entidades enfrentan recortes y controles estrictos, el Legislativo opera con reglas propias. Prometer reducción del gasto y cerrar el año con presupuestos inflados no es austeridad: es un engaño institucional que exige corrección y transparencia real.
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Hoy por hoy: presupuesto engañoso
15 feb 2026 - 05:01 AM