Un niño de 9 años y su abuela siguen aferrados a la vida tras la explosión ocurrida el 16 de octubre en el edificio Alsacia Towers, en El Bosque. La madre del menor, Ámbar Guelfi de Obaldía, murió tres días después, víctima de quemaduras que cubrieron más del 80 % de su cuerpo. Detrás de ese dolor hay una realidad más amplia: Panamá repite tragedias que podrían evitarse. Durante los últimos quince años, las explosiones por gas han dejado muertos, heridos y familias deshechas, mientras las autoridades archivan proyectos de ley y evaden la creación de normas modernas de seguridad. El país no puede seguir confiando su suerte a la casualidad. Cada edificio, cada residencia, debería contar con detectores, mantenimiento certificado y supervisión técnica obligatoria. Cuando la prevención se posterga, la tragedia se repite. La historia de Ian Franco y de su familia no debería ser un nuevo capítulo del olvido, sino el punto de partida para asumir, con responsabilidad, una deuda pendiente con la seguridad ciudadana.
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Hoy por hoy: Que la tragedia no se repita
23 oct 2025 - 05:01 AM