Como un ave fénix, el proyecto de vigilancia costera con radares se resiste a desaparecer. Fue el actual presidente de la República quien impulsó este proyecto en el pasado -en su etapa como ministro de Seguridad-, con un costo de $125 millones y un enorme escándalo mediático. Aunque el entonces director del Servicio Nacional Aeronaval advirtió que los radares no eran funcionales para su propósito (detectar las lanchas rápidas de los narcotraficantes), el gobernante panameño insiste en resucitar el proyecto. Así lo evidenció un boletín de prensa de la Presidencia, poco después de que el mandatario se reuniera con el jefe del Comando Sur. Sin embargo, el presidente dijo una falsedad: que el uso de este sistema había sido un “gran éxito”, una afirmación que fue desmentida por la propia entidad que utilizaba el sistema. El presidente busca revivir un proyecto salpicado de corrupción, luego de conocerse el pago de comisiones a una sociedad bajo el control de un italiano, aunque las evidencias apuntan a un exgobernante panameño, hoy condenado por lavado de activos. Por donde se mire, es imposible no ver razones suficientes para dejarlo como está: bajo tierra. No obstante, el presidente insiste en hacerlo realidad, cuando existen métodos más efectivos –y menos escandalosos– para vigilar nuestras costas. Dice el viejo adagio que nadie aprende en cabeza ajena; parece que tampoco en la propia.
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Hoy por Hoy: Radares, más dudas que certezas
01 abr 2026 - 05:01 AM

