El reciente retiro de Panamá de las pruebas PISA es un golpe para la educación del país, pero no es una sorpresa. A pesar de los esfuerzos ya realizados, la baja inversión necesaria para participar —unos 200 mil dólares— y las recomendaciones de expertos en la materia, se ha optado nuevamente por evitar esta evaluación internacional. Esta decisión refleja una preocupante combinación de desconocimiento y, quizás, la soberbia que a menudo acompaña la ignorancia, lo que condena a nuestra nación a seguir navegando a ciegas en cuanto a la realidad de nuestro sistema educativo. El impacto de esta postura es grave. Las pruebas PISA ofrecen un diagnóstico clave que permite mejorar la calidad de la educación, con el objetivo de preparar a las futuras generaciones para un mundo cada vez más competitivo. Ignorar esta oportunidad es optar por el oscurantismo y negar la crisis que afecta a las escuelas públicas. La educación no puede estar supeditada a decisiones unilaterales o a enfoques cerrados. Debe ser el resultado de un consenso entre organizaciones, profesores, padres y estudiantes, enfocado en lo mejor para el futuro de nuestros niños y jóvenes. Solo así podremos avanzar hacia una educación de calidad.
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Hoy por hoy: Retiro de las pruebas PISA, entre la ignorancia y la soberbia
14 oct 2024 - 05:05 AM