Más allá de las diferencias políticas y de los cuestionamientos legítimos que puedan existir sobre algunas actuaciones del gobierno, hay también cosas que merecen un reconocimiento amplio y sin ambigüedades. Una de ellas, sin duda, es la intervención del canciller en la Asamblea General de la OEA. Su respuesta al delegado de China fue una defensa clara de la institucionalidad democrática, ante la que todos los panameños debemos cerrar filas. El canciller ha reivindicado un principio fundamental del Estado de derecho al señalar que Panamá es un país con separación de poderes y que el Órgano Ejecutivo no puede interferir en las decisiones de la Corte Suprema de Justica. Es inadmisible que un representante extranjero pretenda cuestionar una decisión judicial instando a Panamá a “corregir sus errores”. La respuesta era necesaria y ha sido expresada en el tono adecuado, sin alharacas, pero con absoluta claridad. La relación con China es importante y debe preservarse, pero siempre sobre la base del respeto mutuo y del reconocimiento de que Panamá toma sus decisiones conforme a su Constitución y sus leyes. ¿Cómo marcharía Panamá si este mismo espíritu prevaleciera en otros asuntos nacionales? Y es que, cuando se trata de defender la democracia, la soberanía y la institucionalidad, siempre deberíamos poner por delante los intereses superiores del país.
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Hoy por hoy: Una respuesta necesaria
24 jun 2026 - 05:00 AM