En un país donde la lluvia es casi constante, resulta inconcebible que decenas de miles de panameños pasen más de dos meses sin agua. Las cifras del último censo revelan una realidad alarmante: cerca de 100,000 hogares dependen de acueductos externos, y en más de 120,000 viviendas el agua solo llega por menos de siete horas al día. Esta escasez no es solo un problema de infraestructura; es también un negocio para algunos. Camiones cisterna, vinculados a diputados que luego piden votos, venden agua a la misma gente que debería recibirla de forma regular.
El presidente ha expresado su intención de reestructurar el IDAAN con personal técnico, y respaldamos esta solicitud. Los problemas del IDAAN son el resultado de años de abandono administrativo y nombramientos políticos, donde la prioridad ha sido llenar planillas, no resolver la crisis. Panamá no puede seguir sometiendo a su gente a mendigar una gota de agua, por la que, además, ya pagan. Es hora de que las palabras del presidente se conviertan en acciones reales que garanticen un derecho tan básico como el agua para todos.