Son solo 23, pero tienen sobre sus hombros los sueños y anhelos de todo un país. No fue fácil, aquí no hubo padrinos o regalos, sino mucho esfuerzo y enormes sacrificios sufridos y que como resultado alcanzaron el logro más importante del deporte panameño, la cima de la competencia deportiva mundial. Ellos no son hijos de los subsidios ni beneficiarios de los contratos de promotores deportivos que abundan en la Asamblea Nacional. Su victoria es un homenaje a la dedicación y compromiso que los panameños honestos hacen para salir adelante, llevar el pan a sus hogares y concretar sus aspiraciones. La selección nacional representa los mejores valores que los panameños tenemos. Sus esfuerzos han agigantado a este país y verlos jugar en un Mundial es nuestro mayor sueño. Pero al terminar el partido, el mejor tributo que podemos ofrecerles a nuestros jugadores es seguir su ejemplo: trabajo duro, esfuerzo y entusiasmo en lo que hacemos. Lo contrario es un acto de deslealtad para quienes el trabajo hizo la diferencia y los puso en el sitial que se merecen. Gracias, muchachos, por el ejemplo y recordarnos el valor del trabajo y del juego limpio. Buen viaje a Rusia.
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31 may 2018 - 05:00 AM