La designación de Eduardo Valdés Escoffery para un nuevo período de 10 años de servicio nos debe llamar a la reflexión acerca de la debilidad institucional del país. Por un lado, el designado tiene todos los méritos, el historial personal y el compromiso de vida con los procesos electorales transparentes y el fortalecimiento de la democracia; por el otro lado, el Presidente realiza la designación sin hablarle claramente a la ciudadanía sobre lo esencial que es en este momento extraordinario, y debido a los retos inmediatos que en materia de reforma política y de procesos electorales enfrenta nuestra nación, mantener la continuidad dentro del Tribunal Electoral. ¿Acaso no existen otras personas en Panamá capacitadas ética e intelectualmente para este cargo? Por supuesto que sí, pero en su estilo de gobierno, el primer mandatario no dejó otra opción. Ojalá esto no se constituya en precedente que fomente la promiscuidad de reelecciones, designaciones y ratificaciones por quienes ya ocupan los cargos. Los principios de un Estado de derecho exigen una renovación razonable de los cuadros de mando de un buen gobierno.
hoyporhoy
30 dic 2014 - 06:23 AM