Al concluir 2014 se imponen los balances. Este año lo recordaremos por unas elecciones generales que nos dan la oportunidad de terminar con una época de abusos, excesos y el riesgo de caer en manos de una dictadura civil. Nuestro actual presidente representa la esperanza y la incertidumbre de tener ante nosotros a un líder que entiende que la nación necesita cambiar, y que a pesar de ello, le cuesta asimilar cómo manifestar esos cambios.
La economía es sólida en Panamá, ya que se ha crecido a las tasas más altas de la región por casi una década. Sin embargo, los bolsones de pobreza y exclusión, y las malas decisiones políticas orientadas hacia el populismo, la depredación ambiental, y la creación de una masa de clientela electoral dependiente de dádivas, representan amenazas importantes para el futuro de la nación.
El Canal cumplió 100 años, 15 de los cuales en manos panameñas, enfrentando su ampliación y nuevos desafíos que obligan a madurar el pensamiento del desarrollo nacional. El mundo enfrenta al ébola con nuevas vacunas, y al fundamentalismo ruso con petróleo barato. Se abre un nuevo capítulo en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Por otra parte, México nos recuerda, con 43 estudiantes desaparecidos, la urgencia de combatir la corrupción y recuperar las instituciones en América Latina. El papa Francisco y su liderazgo teológico y diplomático alientan y animan a pensar en una mejor era para toda la humanidad. El año venidero, el balance bien puede ser mejor.