El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega Saavedra, aspira a su tercera reelección sin respeto alguno a los principios democráticos o al Estado de derecho. Para evitar oposición a sus aspiraciones, hizo despedir de la Asamblea Nacional a 28 diputados opositores. Por medio de su control del Consejo Superior Electoral, bloqueó a la mayoría de las candidaturas que le pudieran representar competencia. Además, con el mayor desprecio a la institucionalidad, postuló a Rosario Murillo, su esposa, como vicepresidenta. Y como si fuera poco, ha impedido cualquier intento de observación electoral imparcial. Su propio hermano, su hijastra, y numerosas figuras históricas del sandinismo, junto con importantes líderes sociales, rechazan su gobierno que ha hecho añicos el pluralismo político y la institucionalidad democrática. La tierra de Rubén Darío se llena de tristeza y desesperanza; Ortega la lleva de un autoritarismo desmedido a una inaceptable dictadura.
hoyporhoy
05 ago 2016 - 12:00 A M
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