El tráfico internacional de seres humanos con fines de explotación laboral o sexual sigue usando a Panamá como eslabón en la cadena de oportunidades de este crimen. Históricamente el país ha sido tolerante con el ejercicio de las distintas formas de prostitución, sin verificar los derechos de posibles víctimas que pudieran ser objeto del abuso en esta actividad inhumana. A plena luz del día prostíbulos, salones de masaje, centros de entretenimiento de adultos, y centenares de anuncios en tabloides y rotativos de nuestro país promocionan servicios de naturaleza sexual. Este es el lado tenebroso del turismo, la globalización y la política de fronteras abiertas. Nuestro humanitarismo y solidaridad internacional no deben ser confundidos jamás con negligencia y poco importa frente a la explotación de personas desesperadas, engañadas y ultrajadas en su dignidad humana. Todos tenemos la responsabilidad de denunciar estas conductas y apoyar a que las víctimas sean protegidas y rescatadas para desarticular estas mafias, y evitar que nuestra nación siga siendo cómplice de uno de los peores crímenes que es el equivalente a la esclavitud moderna.
hoyporhoy
07 ago 2016 - 05:00 AM