La tentación de buscar popularidad a costa del gasto público es siempre muy fuerte para todos los políticos, sobre todo aquellos que enfrentan algún proceso electoral. No existe otra explicación plausible para el hecho de que casi al final del periodo de presentaciones presupuestarias de las entidades públicas, aparezca un nuevo y urgente compromiso salarial, justificable y merecido, pero totalmente inesperado para las distintas entidades del Gobierno. Aparentemente no había una mejor forma de estimular la popularidad del partido gobernante. ¿Que tal si asignan más recursos a la recolección de basura, la reparación de escuelas, o para el parcheo de calles y aceras? Si hay tantos recursos disponibles en las entidades estatales, como para que simples medidas de ahorro y eficiencia produzcan más de 60 millones de dólares, ¿por qué no se usan esos mismos mecanismos para reducir el abultado presupuesto y la creciente deuda pública? Gobernar no es el simple acto de seguir a las encuestas. Todo lo contrario, administrar el Estado requiere tener liderazgo y madurez para tomar las decisiones difíciles que el país necesita. Esas cualidades nos hacen mucha falta.
hoyporhoy
17 sep 2016 - 05:00 AM