La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas es un foro cargado de pompa y circunstancia. No es sorprendente que los pronunciamientos de muchas delegaciones sonaran a promesas electorales y a una diplomacia superficial. En su discurso, el presidente de la República expuso sobre “un gobierno honesto y comprometido con la transparencia”, pero no mencionó una sola acción para fortalecer la integridad de la administración pública. Por otro lado, el mandatario hizo referencia al diálogo en Venezuela, quizás sin tomar nota, que semejante proceso es inexistente. No se abordó ninguno de los grandes temas que representan desafíos concretos para nuestra nación: la corrupción, el sistema educativo, el costo de la vida o la seguridad social. Era en este evento, que Panamá tenía una oportunidad dorada de abrirse al mundo y solicitar la cooperación para resolver estos dilemas. La diplomacia ha sido la pieza clave para alcanzar los grandes logros de nuestra historia. Desde Justo Arosemena hasta Jorge Illueca, las voces que nos representaron tenían claridad en su propósito. Ese rumbo debe ser retomado.
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21 sep 2016 - 05:00 AM