En Panamá, de alguna forma u otra, la ausencia de un historial de catástrofes ha permitido que prospere una cultura de la complacencia con las prácticas de construcción imperantes. Las evidencias son claras: los rellenos causantes de inundaciones en Juan Díaz, la saturación de calles asfixiadas por los tranques, y el colapso de un muro de contención en Costa del Este. Nunca ni los suelos, ni los ríos, ni por supuesto las comunidades que conviven en el área metropolitana de Panamá habían conocido una urbe cubierta de cemento, y muy poco dotada al manejo de inundaciones y otros desastres naturales. Ahora, que tanto el Gobierno nacional como el municipio capitalino llevan adelante iniciativas de planificación urbanística, sería bueno que contemplaran el mejoramiento de las normas de construcción, y la gestión de riesgos para preparar a la ciudad de Panamá para enfrentar los retos del actual siglo. La prevención temprana es siempre mejor que la respuesta tardía. El poco importa y la desidia no deben tener cabida en una sociedad moderna.
hoyporhoy
04 oct 2016 - 05:00 AM