La semana que empieza parece reafirmar los deseos de paz en Colombia. Tras la sorpresiva victoria del “no” en el plebiscito sobre el acuerdo de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la segunda fuerza guerrillera de ese país, el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Gobierno colombiano, anunciaron el inminente inicio de las negociaciones formales y públicas. El anuncio abona el anhelo de una paz más completa para un país hermano, tan castigado por las violencias cruzadas, alimentadas a menudo por la lacra del narcotráfico corruptor. Su paz también es nuestra paz. Hemos sentido siempre el dolor de Colombia, el éxodo de sus nacionales, engrosando la compleja cuestión migratoria, los coletazos de la guerra, que a veces golpean a la zona limítrofe, y la perniciosa influencia de sus estructuras criminales, que medran y a la vez son combustible del conflicto allende la frontera. Panamá no puede sino acompañar a Colombia en esta legítima aspiración, por más escollos que el camino presente. Ahora que, como nunca antes, está tan cerca de lograr la tan soñada paz.
hoyporhoy
12 oct 2016 - 05:00 AM