Ya superados los riesgos más críticos que arrojó al país la tormenta tropical Otto, es reconfortante saber que, aunque las situaciones de emergencia estuvieron dispersas por gran parte de nuestra geografía, el empeño que pusieron los rescatistas de Sinaproc en sus tareas, rudas y delicadas a la vez, fue sobresaliente y ello se vio reflejado en la cantidad de vidas que lograron poner a salvo en medio de la adversidad. Cientos de profesionales del cuerpo permanente, junto con los abnegados voluntarios de esta entidad, lograron que la población se sintiera en buena medida amparada y protegida durante la crisis. Así debería funcionar el Gobierno todo el tiempo. Pero la efectividad de las labores de rescate contrasta con la falta de aplicación de medidas adecuadas de prevención, lo que ocasiona incertidumbre en los habitantes de las áreas más vulnerables y en segmentos de la población -como el estudiantil- que dependen en buena medida de información precisa para valorar los riesgos que afrontan. Tras la tormenta, lo que parece haber quedado claro es que Sinaproc debe evolucionar del modelo reactivo que posee hacia uno proactivo, que se traduzca en medidas efectivas frente a las tragedias previsibles.
hoyporhoy
24 nov 2016 - 05:00 AM