El 24 de febrero de 1849 empezó a circular en Panamá un periódico en inglés, que sería el antecesor directo de La Estrella de Panamá. En sus páginas se han registrado desde el incidente de la tajada de sandía hasta la ampliación del Canal de Panamá. Es decir, estamos ante un testigo privilegiado de nuestra historia. Más allá de su valor cultural, es el medio ilustre desde el cual periodistas de la talla de Gaspar Octavio Hernández hasta Leonidas Escobar cincelaron la noticia cotidiana. Tanto La Estrella de Panamá como El Siglo, años después, sobrevivieron diferentes épocas y vicisitudes, una muestra más de que su existencia es esencial para el ejercicio de la libertad de información y expresión en nuestro país. La función que cumplen los medios de comunicación, en general, es vital para la vida en democracia, pues sirven de plataforma para el intercambio de ideas, la diversidad de opiniones y, sobre todo, cumplen un propósito fundamental al garantizar a los ciudadanos el derecho a recibir información. En esta hora crítica, la solidaridad de todos es imprescindible para garantizar el balance noticioso que Panamá necesita. Ni La Estrella de Panamá ni El Siglo pueden ser rehenes de agendas distintas a aquella que defienden los derechos fundamentales de nuestra sociedad. En esta hora difícil, cuentan con el apoyo de la sociedad panameña, sobre todo de sus colegas. Las libertades no se negocian, mucho menos la libertad de expresión. No permitamos que sucumba la pluralidad de voces del país, pues es la esencia de la democracia lo que está en juego hoy.
hoyporhoy
14 dic 2016 - 05:48 AM