Había una batahola de gente, personas que habían madrugado, y los que desde muy lejos vinieron y hacían filas, esperanzados en poder adquirir una dádiva gubernamental. Primero fueron las Ferias Compita, luego las Jumbo Ferias, y ahora son las Naviferias. Todos estos son ejemplos de políticas públicas clientelistas y fallidas. ¿Por qué el Estado tiene que entrar en el negocio de la venta de jamones con pérdidas? El resultado del bazar de temporada con el cual el Instituto de Mercadeo Agropecuario procura ofrecer productos baratos para el consumo del pueblo nos recordó los peores tiempos de la carestía del régimen militar, y hasta evocó las tristes escenas cotidianas de países vecinos. Había hasta una diputada que ingeniosamente apalancó la repartidera de jamones para congraciarse con la comunidad. Los políticos saben que al pueblo en las colas se le irrespeta todos los días, por eso, otra indignidad más no les importa. En la democracia tropical, los bienes públicos son para hacer fiesta, y repartirlos como piñatas. Así se desmoraliza a la ciudadanía y se incentivan los grandes males de la sociedad, con jamón y circo.
hoyporhoy
15 dic 2016 - 05:00 AM