En este año 2017, ya ha transcurrido un mes del actual periodo de sesiones de la Asamblea Nacional, y todavía los diputados no han sido capaces de “consensuar” las leyes más urgentes que necesita nuestro país. Seguimos sin tener una reforma electoral que proteja a nuestra democracia del virus de la corrupción. Tampoco se ha actualizado la norma de contrataciones públicas y, por supuesto, la sociedad entera está a la expectativa de conocer cuál será la decisión definitiva sobre el malogrado proyecto 245. Mientras que se acumulan todos los elementos para que se genere una crisis política producto de los escándalos de corrupción, la pasividad y el constante matraqueo en el hemiciclo legislativo, no nos llevan a ninguna parte. Este es el alto costo del legado de una política criolla clientelista y sin principios. Aquellos elegidos para proteger los mejores intereses de toda la nación han abandonado esta misión, a la espera de que el “guaro y campana” de los carnavales apacigüe a sus electores, y ahogue el reclamo social por justicia y transparencia. Esta es la forma más cínica y descarada de traición a la patria.
hoyporhoy
02 feb 2017 - 05:00 AM