Desde crisis familiares, adicciones y problemas económicos hasta enfermedades mentales se combinan para producir una población trashumante de hombres y mujeres que sobreviven en las calles. No hay políticas públicas especializadas para atender la complicada situación que lleva a una persona a convertirse en un deambulante. ¿Cómo se rehace una familia? Nadie sabe. ¿Dónde están las redes de protección social y las iniciativas asistenciales de prevención y respuesta rápida a la indigencia? No existen. Hemos decidido como sociedad denigrar a los indigentes, categorizándolos como “piedreros” y, peor aun, haciéndolos invisibles. Nuestra obligación como seres humanos y conciudadanos es reconocerlos, aprender sus nombres, entender sus historias, buscar a sus familias y acompañarlos. Los gobiernos recientes le han fallado al país con su insistencia corrupta en más cemento, y su desidia hacia las instituciones. Solo podremos ser una nación desarrollada cuando no abandonemos a su suerte a las personas más vulnerables y los tratemos como ciudadanos iguales ante la ley y con todo derecho a una vida digna. Ellos son la muestra de que el Estado no existe para quienes más lo necesitan.
hoyporhoy
12 feb 2017 - 05:00 AM