En medio de la mayor crisis de credibilidad de los últimos tiempos, los diputados debaten uno de los temas más importantes para el país: las reformas electorales, que han de determinar las reglas del próximo torneo electoral. El proyecto, que fue consensuado por la Comisión Nacional de Reformas Electorales durante 41 sesiones entre enero y diciembre de 2015, reposa en la Asamblea desde enero de 2016 y ahora, más de un año después, cada noche presenciamos el espectáculo que protagonizan los diputados, quienes a golpe de curul aprueban los artículos “no conflictivos”, mientras dejan para último momento aquellos más sensitivos. La poca seriedad demostrada en estas discusiones no es otra cosa que un gran irrespeto al año de trabajo que la sociedad civil organizada dedicó a esta labor. Los panameños no podemos olvidar la amarga experiencia de las elecciones de 2014, en las que quedó al descubierto el uso de recursos públicos en proselitismo, así como un desaforado financiamiento privado a las campañas electorales. La responsabilidad histórica recae en los diputados, que una vez más tienen en sus manos la posibilidad de fortalecer o debilitar nuestra democracia.
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16 mar 2017 - 05:00 AM