La muerte del dictador Manuel Antonio Noriega Moreno deja muchas interrogantes y pendientes sin resolver. Durante su régimen, tuvo múltiples oportunidades de evitar el triste desenlace de la invasión militar del 20 de diciembre de 1989. A lo largo de sus diversos procesos judiciales y 27 años de encarcelamiento en tres países distintos, Manuel Antonio Noriega mantuvo sus secretos y cumplió con los pactos de complicidad acordados con los civiles y militares que le apoyaron, con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos, los carteles de Cali y Medellín, y una larga colección de entidades clandestinas y del inframundo de la guerra y del espionaje. Su muerte no acaba con el luto de las familias de los desaparecidos, las víctimas de torturas y otras vejaciones, ni sirve de expiación de las grandes fortunas mal habidas que crecieron a la sombra de su reinado. Aún permanecen restos de sus víctimas en las morgues judiciales sin identificar, mientras muchos testigos y cómplices de los crímenes de la época siguen vivos. Este capítulo no ha concluido, porque la justicia sigue sin escribir sus últimas líneas.
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31 may 2017 - 12:00 A M
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