Han transcurrido cinco meses desde la declaración de la laguna de Matusagaratí como área protegida, y el Estado panameño ha incumplido su responsabilidad de titular las tierras comprendidas por este ecosistema. Es preocupante que este humedal, el más grande del país, y de una importancia de primer nivel por su biodiversidad única en el mundo, haya sufrido una pérdida de su superficie por la deforestación, la ganadería, el cultivo de arroz y de palma aceitera. Si no se delimita este valioso recurso que nos pertenece a todos, existe el riesgo de que el deterioro aumente y los panameños quedemos sin uno de los tesoros más excepcionales en el planeta. Las áreas protegidas se establecen como una inversión para el futuro del país, y como una reserva que garantice nuestro presente con aire puro, abundante agua y múltiples especies que nos benefician y nos identifican como nación. La laguna de Matusagaratí necesita de su plan de manejo y de una delimitación en campo de sus linderos. Es tiempo que el Estado cuide verdaderamente lo que es de todos. Las próximas generaciones, que sufrirán las consecuencias, no nos lo perdonarán.
hoyporhoy
11 jun 2017 - 05:00 AM