Hace 30 años era un viernes soleado en que los ciudadanos salieron a reclamar justicia y democracia. Las fuerzas represivas de la dictadura arremetieron con saña y perversidad contra civiles desarmados. A ese día se le denominó como “Viernes Negro”. A pesar de los caídos, no existe un monumento, una plaza o una avenida que recuerde a las víctimas de ese ejercicio ciudadano por la libertad de este país. Tampoco está registrado en los libros de historia oficial el sacrificio de decenas de miles de panameños que combatieron la dictadura con pañuelos blancos, pitos y pailas. A diferencia de otros momentos históricos de levantamiento social, este no tiene ni poemas, ni cantos que lo recuerden. Somos un país ingrato con la gente que hizo posible el 3 de noviembre de 1903, el 9 de enero de 1964 y el 10 de julio de 1987. ¿Acaso será que sabemos que ese sacrificio ha sido traicionado entre partidas circuitales, licitaciones amañadas, tráfico de influencias y nepotismo? Ojalá no tengamos que volver a las calles para pedir lo que es fundamental para el buen funcionamiento de una democracia constitucional. Por esto debemos recordar el dolor y la lucha que representa el “Viernes Negro”.
hoyporhoy
10 jul 2017 - 05:00 AM