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A Luis Cucalón, el tristemente célebre director general de Ingresos en la administración de Ricardo Martinelli, se le procesa por la supuesta comisión de delitos como blanqueo de capitales, peculado y abuso de autoridad. Sin embargo, gracias a tretas legales —y quizá con alguna ayuda de abogados, funcionarios judiciales y hasta médicos—, no solo ha logrado posponer dos audiencias —y va para la tercera—, sino que ha cambiado las melancólicas celdas de El Renacer, en Gamboa, por las confortables y refrigeradas camas de un hospital privado en el centro de la capital. Este es el ejemplo más reciente y escandaloso de que nuestro sistema judicial está diseñado para fomentar la impunidad. Si bien la jueza encargada de uno de los casos intenta que el exfuncionario no se salga con las suyas, la realidad es que hasta ahora el Órgano Judicial ha sido incapaz de poner orden en estos asuntos. Todo el sistema de justicia debe unir esfuerzos para sellar los agujeros que permiten que personajes como estos se burlen de todo un país.

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