La primera oleada de diligencias derivadas de las delaciones premiadas de los altos ejecutivos de Odebrecht en Brasilempezó ayer en nuestra capital. Esta es la investigación criminal más grande que se haya hecho en la historia de esta República, y no es comparable con ningún otro esfuerzo conocido. Con todas las limitaciones de recursos y con constantes obstáculos y amenazas, el Ministerio Público avanza, quizás no con la velocidad que la mayoría de los panameños desea, pero se enfrenta directamente a un mal de raíz de este país. Muy pronto los expedientes, los incidentes, los habeas corpus, los amparos de garantías y otras actuaciones estarán en manos de jueces y magistrados, sobre los que cae un manto de sospechas y una fuerte percepción de que llevan la camiseta del equipo que juega a favor de la impunidad. En este momento histórico, ya no cabe la opacidad, la colusión, la trampa o la coima. Esta es la oportunidad para que los funcionarios honestos y decentes del Órgano Judicial, quienes saben exactamente lo que hay que hacer para darle justicia a Panamá, actúen. No más cobardías ni corrupción.
hoyporhoy
05 sep 2017 - 05:00 AM