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Panamá tuvo una época dorada, en la cual las infraestructuras públicas fueron sólidamente construidas. Con la llegada de la abundancia al tesoro público, las carreteras perdieron su calidad y aumentaron escandalosamente de precio. Este es el caso de la Domingo Díaz, que fue parte de un proyecto de ampliación durante el gobierno pasado y que la Contraloría General de la República ha considerado que tuvo un costo exagerado. Los centenares de millones de dólares dilapidados y perdidos en sobreprecios son la herencia imperdonable de gobiernos corruptos que nos robaron a todos. Los accidentes y tranques causados por el mal estado de estas obras son parte del costo oculto de estas, cuyo precio más caro es el de las medicinas, las ambulancias y las escuelas que no se tuvieron. Los panameños nos hemos vuelto cínicos con las obras públicas, ya que siempre esperamos lo peor. Ese precio es impagable.

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