El Órgano Judicial se queja de que, por falta de presupuesto, han quedado en rezago importantes leyes que requieren de atención inmediata. Si bien es cierto que el Ejecutivo debe garantizar los presupuestos para el normal desenvolvimiento de las actividades judiciales, no escapa a nuestra atención el hecho de que la impunidad reina en el país, cual poderoso e imbatible imperio. Al mismo tiempo, no nos viene a la memoria una sola queja por falta de dinero para viajar y disfrutar de las mieles del poder cuando se es magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Siempre hay dinero para hacer turismo judicial o para pagar capacitaciones de las que no vemos fruto alguno, a no ser que estemos equivocados sobre el fin de esos seminarios en el exterior, que, por cierto, no se justifican para magistrados que, en vez de estar aprendiendo, deberían estar dando cátedra. Si fuera justicia lo que viéramos en sus fallos, todo el país estaría clamando por mayor presupuesto para el Judicial. El problema es que entregarle dinero al Órgano Judicial sin esperanza de que la impunidad deje de brillar en Panamá, equivale a cultivar rosas en el desierto. Y no estamos para malgastar nuestros impuestos.
hoyporhoy
30 oct 2017 - 05:00 AM