Ayer fue un día inédito en la historia de la justicia en Panamá. La audiencia pública en que participaron los delatores de Odebrecht permitió que el país constatara el trabajo que ha venido realizando el Ministerio Público y los pasos que ha dado en el proceso de esclarecer los hechos ocurridos en torno a Odebrecht. Pero lo más importante, ofreció nuevos y demoledores testimonios sobre la participación de altos funcionarios de la pasada administración en ese engranaje maldito, cuyo fin último era garantizar – previo pago– que los intereses comerciales de un contratista se pusieran por encima de los del país. Describir en palabras de los delatores el cómo, el cuándo, el quién y el cuánto resultó doloroso, ofensivo e indignante. Y fue echar sal a una herida que no sanará en tanto no se haga justicia. ¿Que en la información que se dio a conocer ayer no están todos los que son? Probablemente, sea así. Pero ello no debe llevarnos a minimizar o subestimar lo hasta ahora logrado, sino llenarnos de fuerzas para seguir reclamando los plazos que sean necesarios para garantizar que las investigaciones lleguen a donde tengan que llegar. Caiga quien caiga.
hoyporhoy
10 nov 2017 - 05:00 AM