Panamá cuenta con una moderna red de telecomunicaciones, un Canal ampliado, próximamente con dos líneas del Metro. Ese escenario de modernidad contrasta con la persistencia de aulas rancho en el sistema de educación oficial del país. Aunque se nos prometió, dos gobiernos atrás, que esa realidad sería cosa del pasado, esa oferta se hundió entre techos de falsa fibra de vidrio y sobrecostos en la reparación de escuelas. En las postrimerías del año escolar 2017, el recuento de la situación de la infraestructura académica del país queda en números rojos como un gran pendiente. Las explicaciones que justifican la precariedad de la planta física de la educación panameña han trascendido al presupuesto y al kafkiano proceso de licitaciones del Estado. Nos queda claro que la tarea de poner al día nuestra educación es la gran deuda de esta sociedad. En esta nos vemos reflejados realmente como somos, indiferentes al desafío educativo y al porvenir de las generaciones venideras de ciudadanos.
hoyporhoy
04 dic 2017 - 05:00 AM