En una democracia, la separación de poderes y el ejercicio de los pesos y contrapesos entre los órganos públicos beneficia al ciudadano porque se promueven los grandes intereses del país. El ejercicio ritual y protocolar del día de ayer en la Asamblea Nacional reflejó todo lo contrario. Por un lado, la mayoría de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia decidió ausentarse; a la vez que las dos principales bancadas legislativas amenazaron y urgieron la creación de un frente común contra el poder ejecutivo, cuyo máximo representante, el presidente de la República, habló de chantajes y narcopolítica, y cuyo partido todavía no ha explicado a la ciudadanía el rol que ha tenido en la trama de Odebrecht. La clase política nos demostró sus verdaderos colores y sus auténticas lealtades, ninguno de los cuales está con los verdaderos intereses de la nación. Nadie habló de arrepentimiento ni de castigar a los culpables; solo supieron apuntar hacia otro lado para desviar la atención de sus propios vicios.
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03 ene 2018 - 05:00 AM