Desde su fundación el 27 de febrero de 1852, la ciudad de Colón ha sido protagonista de incendios e inundaciones. Las catástrofes más recientes de esta población que está a nivel del mar se han intensificado por el fenómeno del cambio climático y la destrucción insensata de manglares y arrecifes que protegían de forma natural a esta comunidad. Lo que está aconteciendo no debe ser una sorpresa, ya que desde 1985 el científico panameño Stanley Heckadon lo está advirtiendo en sus publicaciones. Pero lejos de tomar nota, la ausencia de planificación urbana y la desidia gubernamental han aumentado la vulnerabilidad de Colón. El cambio climático es una realidad que nuestros políticos y empresarios quieren ignorar arriesgando la viabilidad de todas las comunidades costeras del istmo. Si persiste la destrucción de los manglares y la falta de planificación, la tragedia de Colón se repetirá en otras áreas del territorio. El Estado tiene el deber de rescatar a Colón y de emprender otro modelo de gestión de las costas panameñas que no implique más tragedia para las futuras generaciones.
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10 ene 2018 - 05:00 AM