En medio de la incertidumbre que provoca el panorama electoral de 2019, los panameños nos enfrentamos al hastío causado por cinco ciclos electorales en los que han abundado las promesas y las mentiras, los engaños y las manipulaciones y, sobre todo, el clientelismo y la corrupción. Nuestras instituciones son débiles, al igual que lo es nuestra cultura de la legalidad. Al parecer, los electores prefieren el “¿qué hay para mí?”, mientras que los donantes de campaña, en su propia versión de esa pregunta, buscan su pedazo del pastel en los negocios estatales. Los aspirantes a ocupar cargos de elección popular tienen entonces una doble tarea que es vital para el futuro de nuestra gobernabilidad. Por un lado, deben recuperar el ejercicio de la buena política y, por el otro, deben mantener debates de altura con propuestas realistas. Es muy prematuro tratar de pronosticar las tendencias y gustos del electorado. Sin embargo, es el momento correcto para exigirles a todos aquellos que buscan el poder con el voto popular, que actúen con decencia y civilidad. Panamá se merece esta esperanza.
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06 feb 2018 - 05:00 AM